En la década de los 50, cuando nadie apostaba por la viticultura en la zona de Amandi quedando muchas vides abandonadas, Bernardino Rodríguez siguió con la tradición familiar y mantuvo sus viñedos como los había heredado. Con una muy buena visión de futuro y ya en los años 90 se hace cargo de la bodega su hijo Emilio Rodríguez Díaz que empieza a elaborar vinos de corte tradicional pero de muy alta calidad siguiendo la labor vitivinícola de la familia. Actualmente se dispone de más de 8 hectáreas y otras tantas controladas por pequeños viticultores de la zona, que producen un total de 80.000 litros. Esta producción se elabora en unas modernas instalaciones construídas en 1996 y están dotadas de las últimas innovaciones tecnológicas de vinificación: depósitos de acero inoxidable, despalilladora, filtros, equipo de frio (control de temperatura y de fermentación), tren de embotellado, etc.