La bodega, residencia de D. Antonio López Ferreiro (1837-1910) descubridor de la tumba de Santiago Apóstol y uno de los grandes de la literatura gallega, nace en 1980 con la recuperación de los viñedos autóctonos y nuevas plantaciones. Diez años después se inaugura la bodega, siendo la pionera en esta 5ª subzona de Rias Baixas, Ribera del Ulla.
Actualmente contamos con 4 has. de viñedo propio y otras tantas arrendadas a viticultores locales. Nuestros viñedos están situados a una altura media de 226 metros, buscando la insolación de las primeras horas del día. En este valle de clima atlántico, con connotaciones ?mediterráneas?, los suelos en su mayoría son franco-arenosos ideales para la vid. El sistema de conducción es en su mayoría espaldera o empalizada, con una distancia entre plantas de 1.20m y entre calles de 2.25m. De esta forma favorecemos la competencia entre las cepas y logramos el paro vegetativo justo al inicio del envero para lograr una perfecta maduración. Los tratamientos fitosanitarios son siempre los mínimos. Nuestra máxima es la de elaborar vinos sinceros, es decir sin rectificaciones enológicas. Gracias al mimo y esmero con el que nos entregamos a nuestras viñas, conseguimos de ellas la mayor calidad posible. Una vez elaborada la cosecha de forma respetuosa, en nuestra pequeña bodega, nos preocupamos de que los vinos vayan evolucionando lentamente y en ningún caso acelerar el proceso.
Contamos con la tecnología necesaria para elaborar y estabilizar nuestros vinos ofreciendo así un producto singular y con todas las garantías. El resultado son vinos de gran complejidad y Personalidad Propia.
Elaboramos también aguardientes y licores con la misma filosofía; nuestros orujos, al no haber sufrido prensados excesivos, resultan de primera calidad, por ello nuestros destilados son finos y limpios.
Mediante el control del nivel de azúcar y la acidez de las uvas, establecemos la fecha de la vendimia que suele ser a finales de septiembre, principios de octubre. La uva es recolectada a mano y depositada en cajas plásticas de un máximo de 20kg., que además tienen la base perforada para poder escurrir el mosto que se genere por rotura de uvas. De este modo evitamos la oxidación del mosto así como un exceso de acidez volátil. Una vez seleccionada la uva, las mejores son despalilladas y estrujadas para ser maceradas frío, y las restantes van directamente a la prensa. Tras el macerado se escurre el macerador para un depósito de acero inoxidable, donde fermentará a temperatura controlada de 16ºC en el caso del albariño. En la fermentación no se añaden levaduras seleccionadas sino que, con la ayuda de un pie de cuba, se fermentan con las levaduras autóctonas de esta zona. Una vez acabada la fermentación, estabilizamos y clarificamos el vino para que no tenga impurezas y lo dejamos dormir en bodega por lo menos 6 meses antes de ser embotellado.