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11:02
Viernes, 30 de Julio de 2010
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Entre todas las villas marineras de la Costa da Morte Muxía resulta una eminencia, no sólo por responder con exactitud al perfil de las villas de esta zona, sino también por la profusión tanto, de playas límpidas y salvajes acantilados, como, adentrándonos en el plano cultural, de iglesias y monasterios que evocan la historia de uno de los pueblos con más solera del indómito litoral atlántico.

Playa de Nemiña
Playa de Nemiña (Muxía)

Sin entrar siquiera en el pueblo podremos gozar de arenales como el de Nemiña, desembocadura de uno de los muchos ríos que circundan la zona y lugar de reunión habitual para surfistas, que tienen en esta playa su oasis particular para el ocio y el deporte; el de Os Muíños, de gran longitud, donde multitud de personas se suelen agolpar durante el verano en busca de su alejada armonía con los bosques y prados adyacentes. Si ya quisiéramos visitar el pueblo y continuásemos con el resabio de arena y sal hasta él, tan pronto como enfilásemos su paseo marítimo toparíamos con el desigual estilo de Praia da Cruz, donde no dejaremos de ser seducidos por la calidad de sus aguas y por la cercanía de la espesa vegetación, a pesar de su proximidad con el casco urbano. Asimismo podremos visitar la playa de Lourido, que ostenta la cualidad de ser una de las más extensas de la Costa da Morte; su arenal se muestra sinuoso a nuestros pasos una vez hallamos optado por surcarlo y no necesitaremos alejarnos en exceso del centro de la villa.

Ante tal exuberancia de playas y la consiguiente proliferación turística durante el período estival, abundan por la zona tanto hoteles y casas rurales, como restaurantes y marisquerías, y si uno mostrase reticencia a echar demasiada tierra de por medio con respecto a la placidez aportada por la siempre sugestiva playa, deseando gozar igualmente de estos servicios, habilitados especialmente para satisfacer la amplia demanda de un turismo que aúna cultura y naturaleza, resulta ineludible visitar la zona de Praia do Lago.

Si haciendo mención a la Playa dos Muíños nos referíamos a ella como asidua para turistas, Praia do Lago no le va la zaga, gozando incluso de una mayor actividad motivada por la presencia hostelera en sus aledaños. Debe su nombre al lago formado en su interior, donde desembocan las aguas del río que allí remansa. La guindilla a este formidable complejo lo ponen los bosques y pinares circundantes que trazan el lindero del arenal osando penetrar en él.

Pero no sólo de playas habla la abrupta costa muxiana; sus muelles, faros, acantilados, cabos…, la ribetean como si de monumentos a su identidad se tratase. Es bien conocido el enclave que forman el Cabo Touriñán y su faro. El firmamento que allí abisma sobrecoge a quien se anime a ensanchar la mirada sobre una inmensidad que parece imbuirnos, al igual que sucede en el Cabo Vilán, no muy lejos de aquel. Todo el recorrido por los tesoros naturales de este lugar nos hace volver hacia la esencia misma de nuestro atávico elemento y si, queriendo diversificar el ámbito de nuestra visita, nos acercáramos hacia su extraordinario acervo cultural, sentiremos las vibraciones de su pasado entre sus solemnes templos.

Los principales estilos arquitectónicos están presentes en la oferta que nos abre Muxía. Casi todas sus edificaciones y monumentos datan de los siglos XI y XII, siendo reformadas varias de ellas entre los siglos XVI y XVIII. La aldea de Moraime posee dos de las construcciones mas antiguas del municipio con su Monasterio e Iglesia, de estilo Románico, en cuyos primeros años resultaron motivo de ambiciosas disputas por parte de abades y nobles de las zonas cercanas. En calidad de Iglesia Parroquial y por lo tanto templo consuetudinario de los habitantes del pueblo se encuentra la Iglesia de Santa María de Muxía, cuya historia va íntimamente ligada a los antepasados del lugar, quienes en su día se mostraron partidarios de su anexión con el que quizá sea considerado templo insignia de Muxía, no sólo por hallarse situado en el bravo límite costero de la villa, rodeado por las rocas y piedras, donde destaca la famosa Pedra de Abalar, sino por hacer homenaje con el estilo Barroco de su construcción a la adorada Virgen del pueblo y estar levantado desde el fervor que ella suscitó sobre las gentes de Muxía: El Santuario da Vixe da Barca.

Desde siempre se ha rendido culto a esta Virgen en tierras Muxianas, quien representa su patronato y en cuyas fiestas principales, celebradas anualmente hacia mediados de septiembre, millares de personas les rinden honores por todo lo alto en la que viene siendo desde siglos atrás una de las romerías tradicionales con mayor resonancia en toda Galicia.

Inagotables serán los motivos de visita que encuentre el viajante que anhele un aporte dual, entre lo natural y lo cultural, para sus vacaciones; ya sea para bañarse en las diáfanas aguas de alguna de sus numerosas playas; recorrer los senderos del Camino de Santiago que por allí discurren; o bien para ser embelesado ante la contemplación casi onírica de sus majestuosas iglesias y demás construcciones medievales. Ante el amplio espectro que representa al atractivo de Muxía resulta difícil creer que alguien pueda quedar indiferente durante su estancia allí.

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