Miércoles 12 de Noviembre de 2008 11:39
Emanuel Casais
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Los vinos blancos presentan una variedad de matices muy amplia. Vamos a clasificarlos en cuatro grandes grupos:
1.- Ligeros y Secos.
Son vinos jóvenes que no pasan por barrica. Son pobres en azúcares residuales y extractos (la sustancia o cuerpo del vino). Este tipo de vinos se sirven ligeramente frÃos, para tomar solos, con aperitivos o comidas ligeras.
2.- Secos y amplios.
Son vinos con mayor concentración de extractos y, a pesar de ser ?secos?, poseen el sabor dulce de la fruta madura. Suelen envejecer en botella y en algunos casos en barrica.
3.- Semisecos.
Son vinos aromáticos que suelen embotellarse sin dejar que todo el azúcar transforme en alcohol. Acompañan muy bien platos menos consistentes (platos frÃos, pescados, arroz y pastas ligeras,?)
4.- Dulces.
Son vinos con una alta concentración de azúcares y extractos, lo que les confiere su carácter de complejos.
No obstante, los vinos blancos como ya se ha mencionado presentan una gran variedad de matices y pueden generarse grandes diferencias en la forma de elaboración. El rioja blanco tradicional se crÃa en barrica lo que le confiere su caracterÃstico cuerpo, aroma a vainilla y sabor dulce (fruta madura). Las nuevas tendencias se decantan por no envejecer el vino blanco para preservar toda su frutalidad, este es el caso de los vinos gallegos (fruta fresca).
Otro factor determinante en el vino blanco es el clima y el suelo. Una misma variedad de uva puede producir dos vinos muy diferenciados. Un chardonnay del norte de Italia, será vivo y fresco, con la acidez propia de la fruta de una región frÃa. Mientras que un chardonnay catalán será más amplio y con matices de fruta dulce y/o exótica. Algo similar ocurre en Galicia con la uva albariña que logra su mejor expresión en esta tierra y difiere en matices a medida que se avanza hacia el sur de Portugal o las recién iniciadas producciones de la baja California.
Un último factor caracterÃstico en el vino blanco es el estilo de elaboración, asà un mismo vino puede ser seco o abocado (dulce), como el oloroso de Jerez.
